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Salud mental familiar

Los familiares cuidadores de pacientes con trastorno bipolar y con esquizofrenia sufren en su mayoría trastornos depresivos y de ansiedad. El Hospital de Dia de Salud Mental del HVN ha dado apoyo a familias con un proyecto de investigación financiado por el SAS, con resultados muy significativos. Actualmente necesitan más financiación para seguir.

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Los trastornos mentales graves (TMG) ocupan hoy en día un lugar importante en el ámbito de la salud pública y se encuentran entre las principales causas de carga por enfermedad. En una de cada cuatro familias hay al menos una persona con algún trastorno mental (Haro et al., 2006; Haro et al., 2008).

El alto nivel de perturbación cognitiva, emocional y conductual que caracteriza a TMG afecta de manera importante al individuo que lo padece y al entorno inmediato. El contexto familiar es uno de los más afectados por la presencia de un TMG. Los familiares, generalmente, asumen las labores de cuidado del paciente, se enfrentan a interacciones difíciles con él y deben lidiar con los síntomas y comportamientos perturbadores que caracterizan a los TMG. Estas situaciones de convivencia y enfermedad afectan psicológicamente a los familiares y producen un impacto negativo en otras áreas de su vida (p. ej., el tiempo de ocio, el cuidado propio, la salud, las relaciones sociales, el rendimiento en el trabajo, etc.) 


Los familiares cuidadores de pacientes con trastorno bipolar y con esquizofrenia sufren trastornos afectivos, en su mayoría trastornos depresivos y trastornos de ansiedad (Goldstein, Miklowitz y Richards 2002; Rascón, Caraveo y Valencia, 2010; Steele, Maruyama y Galynker, 2010).


Actualmente las intervenciones con las familias de pacientes con TMG se basan en la  psicoeducación y la terapia familiar centrados principalmente en influir positivamente en la evolución de la enfermedad del paciente. Nuestro objetivo es atender a los familiares en las necesidades psicológicas que no están exclusivamente relacionadas con el TMG del pariente, sino con su propia salud.


La terapia cognitivo conductual (TCC) es una de las alternativas terapéuticas que presenta un mayor apoyo empírico para el tratamiento de la depresión, la ansiedad y el estrés. Con nuestro estudio queremos aportar nuevas pruebas empíricas sobre la eficacia de una terapia de tercera generación (basada en la TCC): la terapia de aceptación y compromiso (acceptance and commitment therapy, ACT), para tratar la depresión, la ansiedad y el estrés. 


El estudio constó de dos fases: una primera de detección de problemas emocionales (depresión, ansiedad y estrés) entre los familiares de los pacientes con TMGs que son atendidos en la Unidad de Salud Mental Comunitaria (USMC), el Hospital de Día de Salud Mental (HDSM), la unidad de Hospitalización de Salud Mental (UHSM) y en la Unidad de Gestión Clínica de Atención Primaria (UGC) del Hospital Universitario Virgen de las Nieves (HUVN) de Granada. La segunda fase se dirigió a la evaluación de la eficacia de un programa de intervención psicológica para disminuir los problemas emociones y aumento de la calidad de vida de los familiares de pacientes con TMGs que son atendidos en el HDSM del HUVN de Granada.


En la primera fase fueron evaluados 118 cuidadores entre 19 y 79 años de 82 pacientes con un diagnóstico principal de algún TMG que estaban siendo atendidos en las Unidades de Salud Mental del Hospital Universitario Virgen de las Nieves de Granada. La media de edad fue de 55,1 años (DT= 12,6) y el 70,3% fueron mujeres. Se utilizaron: el “Inventario de ansiedad de Beck”, el “Inventario de depresión de Beck II” y la “Escala de estrés percibido” para evaluar el malestar psicológico, el “Inventario de asertividad” (Assertion Inventory, AI; Gambrill y Richey, 1975) y el “Inventario de estrategias de afrontamiento” para evaluar las dos habilidades psicológicas, así como el  “Cuestionario de salud SF-36”. Este último evalúa ocho dimensiones que se agrupan en salud física (funcionamiento físico, rol físico, dolor corporal, salud general) y salud mental (vitalidad, funcionamiento social, rol emocional, salud mental. Se encontró que el 53,4% de los familiares tenía depresión (el 15,3% presentaron niveles leves, el 18,6% moderados y el 19,5% graves) y el 51,7% tenía ansiedad (siendo el 21,2% leve, el 17,8% moderado y el 12,7% grave). El nivel de estudios, sobretodo el básico, se relacionó significativamente con los problemas psicológicos de los familiares. Mientras que tener mínimo secundaria se relacionó con una mejor percepción del estado de salud. Respecto a la percepción del estado de salud, el 11% de los familiares percibe su estado de salud como bajo, el 48,3% como medio y el 40,7% alto. Se encontró que las estrategias de afrontamiento de mayor uso fueron el pensamiento desiderativo, el aislamiento social y la solución de problemas y las menos utilizadas fueron la reestructuración cognitiva, la autocrítica y la expresión emocional. Las mujeres utilizaron más la expresión emocional, en comparación con los hombres (p= 0,034). El 84,2% de aquellos que presentaban ansiedad utilizaban poco/nada la estrategia de solución de problemas en comparación con el 45,4% que si la usaba (p= 0,004), el 89,5% de los que presentaba depresión utilizaba poco/nada la estrategia de solución de problemas en comparación con el 46,4% que si la usaba (p= 0,001), asimismo, el 65,4% de los que tiene depresión utilizaba la autocrítica frente al 43,8% que no la usaba o lo hacía poco (p= 0,033). Por otra parte, el 24,2% de los que percibe estrés utiliza poco/nada la reestructuración cognitiva frente al 8,0% que si la usa (p= 0,041).Respecto a los niveles de asertividad, éste no parece ser un déficit entre los familiares, sin embargo, se encontró que entre los que tenían más ansiedad, por un lado y un peor rol físico, por otro lado, había un número significativamente mayor de familiares que no son asertivos (p= 0,012 y p= 0,004, respectivamente).


La segunda fase abarcó tres grupos de intervención para evaluar la eficacia de un programa psicológico para la disminución de los problemas emociones y aumento de la calidad de vida de los familiares. Se trabajó bajo el marco de la Terapia de Aceptación y Compromiso y se incluyeron habilidades de comunicación y técnicas de atención plena o Mindfulness. Mediante la incorporación de ACT, se pretende conseguir la recuperación o adquisición de repertorios cognitivos y conductuales, que les permitan actuar en la dirección de sus valores personales siguiendo sus objetivos existenciales y romper con la parálisis conductual (evitación experiencial).


El análisis de los dos primeros grupos (n=18) mostró que se redujeron los niveles de depresión (p< 0,05), aumentó el uso de tres estrategias de afrontamiento (solución de problemas, reestructuración cognitiva y evitación de problemas) (p< 0,05) y se observó una mejoría del rol físico (menos problemas con las actividades diarias y el trabajo debido a la salud física) y, en general, de la percepción del estado de salud (p< 0,05). La ansiedad y el estrés disminuyeron y el estado de salud percibido tuvo una mejor valoración, pero no alcanzaron niveles de significación estadística. El 88% valoró el programa como útil y ha aplicado lo aprendido en su vida cotidiana, disminuyendo los niveles de malestar psicológico. El 62,5% se ha vuelto a implicar en aquello que le importa en la vida.


EN CONCLUSIÓN


Los familiares realizaron cambios importantes en sus vidas, en dirección a los valores que habían abandonado por la enfermedad de sus hijos. Valoraron la experiencia como muy útil y satisfactoria.

El entrenamiento en habilidades, combinado con ACT, ayuda al fortalecimiento de habilidades importantes para el logro de los objetivos vitales, como son las estrategias de afrontamiento adaptativas y están dirigidas a modificar las situaciones estresantes de forma activa.

La experiencia con los grupos nos demuestran la necesidad de crear espacios psicoterapéuticos para los familiares que conviven con pacientes diagnosticados de TMG, mostrando que la psicoeducación es insuficiente ya que presentan una clara evitación experiencial y han abandonado áreas valiosas de su vida para dedicarse al cuidado de sus hijos. Esto está facilitando la aparición de respuestas emocionales de ansiedad y depresión que intensifican el sufrimiento e interfieren en las interacciones familiares.


ALGUNOS PADRES DE LOS GRUPOS PSICOLÓGICOS DE INTERVENCIÓN QUIEREN COMENTAR QUE…


MADRE DE PACIENTE CON TRASTORNO BIPOLAR: esto me ha ayudado a vivir a tope los momentos buenos, a relativizar los momentos negativos y a quitarme esos “cabreos” absurdos y no estar todo el día con ellos en la cabeza. Mi marido y yo hemos aprendido a no desgastarnos tanto ante las crisis, ni física ni mentalmente. Antes, cualquier ingreso de mi hijo me anulaba a mí, ahora nos cuidamos.


MADRE DE PACIENTE CON ESQUIZOFRENIA: en este tiempo que hemos compartido tanto y con un objetivo común, que es orientarnos y aprender a actuar ante algo que desconocíamos hasta que nos tocó muy adentro en el entorno familiar. Todo lo aprendido nos ha servido para poder tomar decisiones familiares y personales, encontrando la solución más adecuada en cada momento…nos habéis hecho ver y afrontar los problemas con más tranquilidad. Los miedos y temores ya han quedado atrás, llega una nueva vida para nosotros en la que la oscuridad se convierte en claridad. 


PADRE DE PACIENTE CON TRASTORNO BIPOLAR: antes mis reacciones eran totalmente viscerales e inmediatas. Esas reacciones violentas me hacían mucho daño a mí, llevaba una tensión importante, lo que además me apartaba de mi hijo. Mis reacciones ya no son tan inmediatas, ni tan verbalmente violentas. Las pienso y eso se ha convertido en una costumbre.